El Yin, El Yang.
La concepción taoísta expresa que en un principio existía un estado no diferenciado, al que denominaremos culminación suprema. Cuando la culminación suprema se mueve engendra Yang. Al final del movimiento hay reposo, en este estado se encuentra Yin. Cada movimiento y cada reposo son el origen uno del otro. Es a partir de este ciclo rítmico, que conviven como fuerzas opuestas, pero complementarias, a través de cuya interacción se transforman sin cesar la una en la otra donde surge el origen de la filosofía del Tao.
La simbología del Tao se expresa por un círculo con una mitad negra que contiene un punto blanco, y una mitad blanca con un punto negro, separadas ambas por una línea ondulante.
El círculo significa lo absoluto, el todo, la esencia que se crea y se manifiesta en cualquier fenómeno sea de la naturaleza que sea.
Lo blanco expresa lo positivo, lo visible, lo masculino, el día, la plenitud, lo que en esencia lo llamaremos Yang.
Lo negro expresa lo negativo, lo oculto, la noche, el lado sur de la montaña, la vacuidad, el complemento perfecto del estado anterior, a lo que llamaremos Yin.
El Yin y el Yang son fuerzas gemelas, como dos mitades de un todo, en las que ninguna de ellas puede existir sin la otra, ya que expresan una relación de mutua interdependencia.
La mancha negra en al mitad blanca, y la blanca en la mitad negra simbolizan el sutil equilibrio de la vida, pues en todas las cosas germina la semilla de su contrario, y al acercarnos a un extremo no hacemos más que dirigirnos a su opuesto.
El flujo existente entre ambas fuerzas es expresado por la línea curva que divide al círculo en dos mitades iguales.
No habiendo enfrentamiento entre polos opuestos, sino más bien una suave armonía que permite la búsqueda de un constante equilibrio entre las mismas.
Los taoístas designaron a su arte marcial, a partir de su simbología, como la lucha en su definitiva esencia, porque las secuencias coreográficas de sus movimientos se adaptan a la naturaleza del Tao, consiguiendo la armonía con su propio espíritu. Su forma esférica le permite soportar mejor la energía en sí contenida. Su superficie le permite ser expansiva, pero su centro es cohesivo, por ello no pierde circularidad en la acción. Al ser redonda la forma de su aplicación, el oponente no puede saber dónde aplicaremos nuestra fuerza cuando usamos la rotación.
En aspecto el Tai Chi se muestra redondo con movimiento dentro y fuera de él, arriba y abajo, derecha e izquierda, nunca abandona el círculo. Pero también es vacío dentro y fuera de él. En cualquier dirección nunca abandona este vacío.
El círculo le permite distribuir la fuerza o entrar en ella. El vacío, penetrar o sacar la energía.
El vacío toma la redondez como modelo, pero no es realmente una esfera, ya que cualquier posibilidad de acción puede ser ampliada hasta el infinito cuando se trasciende la función del círculo.
Con el círculo y el vacío en armonía podemos abrir y cerrar, expandir y contraer. Cuando todo ello se perfecciona ¿cómo se puede ir más allá?. El Trabajo del Tai Chi ha de ser comprendido por la mente y expresado por el cuerpo. Sea Yin o Yang su aplicación, los dos son Tai Chi. Donde el fluir constante de una fuerza sobre la otra hace que estén constantemente regulándose para nutrirse y regenerándose a la vez.
Nuestro cuerpo para un taoísta, es un pequeño Tai Chi, pues Yin y Yang tienen su representación en el propio organismo.
El corazón pertenece al elemento fuego y está arriba como Yang. Los riñones pertenecen al elemento agua, y están abajo como Yin. A través de la práctica del Tai Chi, se hace descender el fuego del corazón. Concentrando el Chi, uniéndolo en el Tan Tien. Y ascender el agua del riñón. Desarrollando suavidad y extendiendo la energía del Tan Tien. Pues corazón y riñón se coordinan. Agua y fuego se complementan, estando en perfecto equilibrio, como las fuerzas que los gobiernan, Yin y Yang.
El fuego del corazón se eleva como las llamas. Es el que empuja a todo el cuerpo. Aunque también expresa lo creativo, lo que gobierna y forma lo esencial en el hombre, el fuego vacío.
El agua del riñón desciende como la corriente de un río. Expresa el sutil movimiento que trasmitirá lo esencial de cada uno. Aunque también hablamos de la que permanece tranquila y transparente como la superficie de un lago, capaz de reflejar cualquier imagen sobre ella. Adaptándose en perfecta circularidad.
El corazón es función, los riñones son esencia. En términos de unidad, cuando corazón y riñones se influyen mutuamente, esencia y función se complementan y forman un solo cuerpo, El complemento de esta unidad lo explica el agua y el fuego.
• El agua es materia, la energía es Yin. El Yin da vida y crea lo material.
• El fuego es energía, la energía es Yang. El Yang da vida y se transforma en espíritu.
El cosmos se activa y se regenera mediante la acción del agua y del fuego, la armonía resultante entre ambos, lo mismo entre yin y Yang, es expresada de manera diferente en cada ser humano y se manifiesta por su Tao particular.
Todo principio, toda técnica. Posee su propia esencia, su propio tao. Cuando éste se comprende, se puede captar su funcionamiento (fuego) Yang, y fundirse con su esencia (agua) Yin.
Con esta idea, se explica la presencia en el cuerpo de lo que denominaremos las tres energías internas, resultando:
• Una de la acumulación de Yin, de materia.
• Otra de la acumulación de Yang, de espíritu.
• Y la tercera de la armonía entre ellas, Tao.
Así hablamos de:
• Energía Vital, Jing, domina el sexo y la reproducción, la representa el riñón. Es Yin.
• Energía del Espíritu, Shen, la energía que surge de nuestros pensamientos y actitudes, cuanto más puros y nobles sean, mayor será su poder, La representa el corazón. Es Yang.
• Energía respiratoria, Chi, es aquella que adquirimos a través de la respiración. Teniendo en cuenta que una fase de la misma es Yin (la inspiración), y la otra es Yang (la espiración) su armonía la expresa el Tao.
El lugar donde se localizan estas tres energías en el cuerpo humano lo denominamos la casa de los tres elementos o los tres Tan Tien.

