El Tai-Chi Chuan
El Tai-Chi Chuan ha aumentado significativamente sus adeptos en los países occidentales durante las últimas décadas, no sólo por ser un sistema de ejercicios práctico, efectivo para mantener la salud y de gran belleza a la vista, sino también porque casi cualquier persona puede practicarlo.
Cada vez es más común ver numerosos grupos de gente en centros especializados, alamedas y espacios abiertos realizando ejercicios de Tai-Chi Chuan ("boxeo máximo-supremo", en chino) y, ante todo, la participación entusiasta de personas de la tercera edad que realizan sus movimientos de manera puntual y estética.
Deténgase un momento a ver estas prácticas, observe bien, con calma, dejándose llevar por los desplazamientos, y descubrirá algo muy atrayente en esta especie de danza combinada con movimientos de combate: no sólo la sincronización o elasticidad y fuerza de los individuos, sino la serenidad y paz interior que tienen para ejecutar sus rutinas. No se equivoca, pues el Tai-Chi beneficia en ambas vertientes, física y mental.
Como otras artes curativas chinas, esta disciplina marcial (budo) parte de la idea de que el ser humano contiene energía vital o "Qui" (se pronuncia "chi") que fluye a través de 12 canales o meridianos que recorren todo el cuerpo y conectan a brazos, piernas y manos con las vísceras abdominales u "órganos internos" (hígado, corazón, páncreas, riñones y sistema digestivo), de forma que, según esta tradición oriental, las enfermedades se deben a malos hábitos alimenticios, posturas incorrectas, estrés o ansiedad que obstruyen la circulación de energía.
Así, los movimientos del Tai-Chi y sus ejercicios respiratorios están concebidos para abrir los bloqueos de los meridianos y volver a permitir el libre flujo de energía vital que estimule a los órganos internos para, finalmente, lograr un equilibrio entre fuerzas interior y exterior (yin y yang).
Por ejemplo, en una serie conocida como "los ocho ejercicios de Zhong Li" se incluyen movimientos como "apuntar a un águila lejana", en el que las piernas se flexionan, dejando el tronco recto, como si el ejecutante montara a caballo, mientras manos y cuello realizan desplazamientos rítmicos coordinados con exhalaciones e inhalaciones, lo que mejora la respiración y las funciones circulatorias, y al mover los brazos se estimula la circulación en los meridianos que se conectan con pulmones e intestino grueso.
También hay rutinas en las que la cintura se flexiona hacia el frente, con los brazos estirados, hasta tocar la planta de los pies, de modo que los tendones de piernas y brazos se ejercitan, mejora el equilibrio y la energía vital se dirige hacia los riñones. En otros más se hace hincapié en la respiración, por lo que contribuyen a disminuir la tensión ocasionada por estrés.
Aunque también hay movimientos en que se necesita apretar los puños y visualizar defensa o ataque ante un contrincante, el exagerado aumento de masa muscular u otras situaciones extremas no son perseguidas por el Tai-Chi; más bien, fuerza y elasticidad deben desarrollarse en equilibrio, de forma que la energía vital no se vuelva demasiado rígida, pero tampoco se disperse.
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